La abuela de Yessica viajó en un camión con su hijo de ocho años, desde Bucaramanga hasta Cúcuta, según el recuerdo familiar. La intención sería cruzar la frontera y llegar a San Cristóbal, Venezuela. Era 1973, uno de los mejores años de la economía venezolana, lo que hacía de este país, el sueño de una mejor vida para los colombianos.
Ese niño de ocho años es hoy el padre de Yessica, quien nació y creció en el estado Táchira (Venezuela), fronterizo con el Departamento Norte de Santander (Colombia). Históricamente, ese territorio construyó de manera natural, una identidad única entre ambos países, desde la segunda mitad del siglo XX.
“En mi familia, durante los partidos de fútbol, veía a mis tíos un día con la franela de la selección de Colombia y al otro día con la franela de la Vinotinto”.
Yessica creció en el estado Táchira, fronterizo con Colombia, un territorio que históricamente construyó una identidad única entre ambos países. Su padre, que fue ese niño de ocho años que viajó en el camión, y su abuela, nacionalizada venezolana en el año 2004, todavía viven en Venezuela.
En el año 2024 Yessica saldría de San Cristóbal a Bucaramanga, el lugar de donde partió su abuela y su padre, cincuenta años atrás; todavía le parece surreal regresar a los orígenes de su familia.
San Cristóbal se parece mucho a Colombia. — Yessica, vocera de la historia